Opinión y humor: http://elgatobueno.blogspot.com.es/
Todos los animales experimentan miedo, los seres humanos,
probablemente, más que todos los demás. Cualquier animal incapaz de sentir
miedo tendría muy pocas probabilidades de sobrevivir, sin importar su tamaño,
rapidez o cualquier otro atributo. El miedo nos alerta de aquellos peligros que
amenazan nuestro bienestar y en ocasiones incluso nuestras propias vidas.
Pero, ¿qué es el miedo? Ni más ni
menos que la perturbación angustiosa del ánimo causada por un riesgo o daño
real o imaginario, y que acaba consolidándose como una sensación de inseguridad
que, desde lo individual, se vuelve colectiva. Así, el miedo de una sociedad es
el estado de inseguridad.
Y, ¿quién protege a la sociedad? Los
gobernantes. De ellos depende la seguridad de las personas, siempre y cuando
haya algún temor que las inquiete o preocupe. Con ausencia del miedo, el
individuo no necesita ser protegido por nadie. Y eso no conviene a los
gobernantes.
Las
personas que tienen la desfachatez de gobernarnos entienden este hecho básico de
la naturaleza humana. Lo explotan y lo promueven. Ya sea que establezcan un
Estado militarista o un Estado de
bienestar, ellos dependen del miedo para asegurar sumisión pública, para
garantizar conformidad con sus mandatos oficiales. Sin el miedo del pueblo,
ningún Gobierno duraría más de veinticuatro horas.
A lo largo de la historia, todas las
instituciones que han tenido el poder
han utilizado el miedo para conseguir sus objetivos: las religiones
con el pecado, los gobiernos con el delito… Y una vez que se acepta, el individuo
tiene miedo a hacer algo inapropiado, a ser castigado, etc. No tenemos que
escarbar mucho en la historia reciente de España para ver que este instrumento
ha sido y sigue siendo utilizado hasta la saciedad: Franco con el peligro que
suponían los rojos, Felipe González con el peligro que suponía no entrar en la
OTAN, el PP con el peligro que supone PODEMOS, por citar unos pocos ejemplos.
Pero
recordad que, si alguna vez dejásemos de
tener miedo del propio Gobierno y de las falsas amenazas que fomenta, el
Gobierno sucumbiría y moriría, y desaparecería el portador de decenas de
millones de parásitos que ahora se sacian con la riqueza y dinamismo de lo público, de forma directa o indirecta, por medio del poder del Gobierno. Ese
día, todo el que ha estado viviendo a expensas de lo público deberá buscarse un
empleo honesto, y el resto de nosotros, reconociendo al Gobierno como el falso
dios que siempre ha sido, podríamos ocuparnos de aliviar nuestros miedos reales
de formas más productivas y moralmente defendibles.
Hoy tienes la
oportunidad de demostrar que el poder no te amedrenta con sus amenazas. Recuerda que vas a estar tragando CUATRO AÑOS
MÁS.

No hay comentarios:
Publicar un comentario