lunes, 15 de junio de 2015

LA EDUCACIÓN PRIVADA-CONCERTADA PROMUEVE LA MEDIOCRIDAD EDUCATIVA

Como ya comenté en el artículo http://eldiariodeanais.blogspot.com.es/2015/06/educacion-publica-frente-educacion.html, muchas personas creen que educación privada equivale a educación para ricos, a una educación buena y llena de cosas positivas.  Tal vez sea porque la gente piensa que por pagar va a recibir algo excelente, cuando el diseño económico de la educación privada incentiva la mediocridad educativa.  Entendamos cómo funciona.
Efectivamente, hoy en día muchísimas personas piensan que la educación privada es mejor que la pública por el simple hecho de que se paga más. Por parte de los sucesivos gobiernos de este país, gracias a las numerosas reformas educativas, se ha ido procurando que la educación pública tenga menos medios y más alumnos, menos profesores y los que hay más cargados de tareas que nada tienen que ver con la enseñanza y la educación. ¿Qué buscan conseguir con esto? Hacer desaparecer la escuela pública o que ésta sea de tan mala calidad que la gente no tenga más remedio que llevar a sus hijos a un colegio de pago.
Así pues, lo que el gobierno quiere conseguir es que, si eres un pobre sin dinero, estés condenado a la ignorancia, a no poder aprender lo que se necesita saber para obtener un buen empleo y poder tener una vida digna. Si eres de la casi inexistente clase media, te costará, pero podrás pagar una educación para ir avanzando muy lentamente. Y, evidentemente, si eres rico, podrás ser el propietario de los negocios educativos que te procurarán bastantes ganancias.
Como es sabido, si un alumno no aprueba, se desanima y tiene menos motivos para matricular. Pero como los ingresos del negocio educativo dependen de que el alumno quiera matricularse, los colegios privados-concertados tienen que poner la cosa fácil para que el alumno se siga matriculando. De modo que los profesores ya no pueden poner una calificación de cero, aunque el alumno sea mediocre y deficiente, sino que tienen que hacer los exámenes fáciles y si todos en el aula son unos vagos, entonces el profesor tiene que levantar la mano para lograr que un porcentaje apruebe el curso.  Los cursos en que pocos aprueban están mal vistos, y la dirección vería ese curso como una amenaza a los ingresos del negocio.
Entonces, ¿de dónde sale lo de que exigen más en una educación privada?  En una buena educación se debe exigir al alumno, en lugar de que el alumno exija. No hace tantos años, los padres que visitaban al profesor y recibían quejas de que su hijo perdía el tiempo en clase o no estudiaba, terminaban regañando o castigando al hijo, porque con la vagancia no se logra pasar una educación exigente. Pero eso era antes. En la actualidad los padres van a reclamar al profesor si su hijo no aprueba, si el profesor aconseja que repita porque no alcanza los conocimientos mínimos, si regaña a su hijo por no hacer los deberes o copiar en un examen o no le deja usar el móvil en clase. Ahora prácticamente se prohíbe a los profesores aconsejar que un alumno repita, porque su hijo estudia mucho y eso sería una barbaridad que les desmotivaría. Es mejor complacer a sus padres, y a sus hijos, para que obtengan el título por el cual pagaron.
Pero eso no es todo. Los empresarios educativos, ávidos de reducir costes, saben que contratar alumnos recién graduados para dar clases es mucho más barato que contratar profesores con amplia experiencia en el campo. Niños educando niños. Novatos preparando a novatos para que sus alumnos sean tan expertos como ellos. Y cuando hay profesores con alguna experiencia, prefieren no enseñar mucho de lo que saben, porque esos estudiantes podrían ser en un futuro competencia profesional para el profesor en su área.  Lo mejor es mantenerles tan ignorantes como sea posible, para que cuando requieran de alguien le llamen a él y él pueda hablar de lo malos que son todos los demás profesionales en su campo donde él resalta.
El resultado es colegios con mala calidad de enseñanza por todas las razones descritas. 
Todo esto viene ocurriendo en España desde hace ya unos cuantos años. Cada vez proliferan más las escuelas y universidades privadas. Las sucesivas reformas educativas han conseguido que la educación sea mediocre. Pero todo esto se tapa, porque lo que en realidad se quiere mostrar es que la escuela pública es mala, mientras que la privada-concertada es la excelente.
Ser educador es un trabajo muy duro: pasarse el tiempo en la escuela tratando de mantener quieta a una audiencia inquieta, enseñar conocimientos, y además gastar la misma cantidad de tiempo en casa haciendo trabajo en horas no pagadas. Para más INRI, al educador se le mira como aquél al que el examen de admisión no le da para estudiar otra cosa, cuando hace 100 años era tan prominente ser maestro como lo sería ser astronauta.  Pero ahora a los profesores les cargan tanto de trabajo burocrático absurdo que no tienen tiempo para atender como deberían su verdadera labor educativa. Y en los colegios y escuelas privadas, los profesores no saben si tendrán empleo el siguiente año.
En unos años nos echaremos las manos en la cabeza con noticias de incidentes de mala praxis médica porque los médicos estaban mal preparados.
Esa es la educación privada: el negocio educativo es un negocio de vender títulos profesionales, donde conviene tener profesores baratos, aunque sean unos inexpertos e ignorantes y tener estudiantes que no abandonan, pero que tampoco pueden avanzar muy rápido para que así sean una buena fuente de dinero. Lo importante no es ofrecer a las empresas los trabajadores que necesitan, ni es necesario hacerles aptos para un empleo. Con esto lo que se consigue es hacer un país de ignorantes, de borregos, que no saben ni quieren aprender. Así el poder puede conducir a la masa mejor. Pero la mayor parte de la gente está encantada con su título comprado para conseguir un empleo mediocre en una sociedad mediocre.

Como se puede ver, la educación privada trae como consecuencia una serie de efectos que difunden y premian la mediocridad en la sociedad, y debería ser una labor del gobierno defender a su país contra estos enemigos que carcomen el entramado de la sociedad.  Pero la realidad es que es el propio poder el que lo fomenta.




martes, 9 de junio de 2015

ESPAÑA, PAÍS DE MEDIOCRES

De forma progresiva, la ignorancia ha ido perdiendo sus connotaciones negativas hasta llegar a un punto en el que se ha prestigiado. Antoni Brey lo explica perfectamente en su obra Sociedad de la IgnoranciaSe ha disipado el pudor a mostrar en público la propia ignorancia, e incluso con frecuencia se exhibe con orgullo, como un aditivo más de una personalidad apta para gozar al máximo del hedonismo y la inmediatez que proporciona un consumismo desenfrenado”.

Como ya mencioné en una anterior entrada del blog, http://eldiariodeanais.blogspot.com.es/2015/05/la-perdida-de-los-valores-morales-en-la.html, vivimos, sin duda, una crisis de valores que genera una crisis social. Nuestra crisis es más que económica, va más allá de estos o aquellos políticos o de la codicia de los banqueros. Es hora de asumir que nuestros problemas no se terminarán cambiando a un partido por otro, con otra batería de medidas urgentes o con una huelga general, de reconocer que el principal problema de España no es el euro o Ángela Merkel. De una vez por todas admitamos que somos un país mediocre.  

Ningún país alcanza semejante condición de la noche a la mañana. Tampoco en tres o cuatro años. Es el resultado de una cadena que comienza en casa y en la escuela y termina en la clase dirigente. Hemos creado una cultura en la que los mediocres son los alumnos más populares en el colegio, los primeros en ser ascendidos en el trabajo, los que más se hacen escuchar en los medios de comunicación y a los únicos que votamos en las elecciones, sin importar lo que hagan porque son de los nuestros. Estamos tan acostumbrados a nuestra mediocridad que hemos terminado por aceptarla como el estado natural de las cosas.

Hoy en día, cualquiera, independientemente de su formación y cultura, puede acceder a lo más alto de la estructura social. Y al mismo tiempo que la ignorancia se ha normalizado, el conocimiento se ha desprestigiado, cargándose de connotaciones negativas.

Todo esto se debe a la abundancia de la mediocridad. Cuando la masa gira hacia la sociedad de la ignorancia, se dan todas las papeletas para que los que más destaquen sean las personas más mediocres, mientras que los verdaderos talentosos son relegados a un segundo plano.

Los hombres mediocres se caracterizan porque son incapaces de formarse un ideal, son rutinarios y mansos. Normalmente piensan con la cabeza de los demás, se limitan a repetir como loros lo que el poder quiere que diga a través de sus medios de comunicación de masas, comparten la hipocresía moral de la sociedad de la ignorancia y se ajustan perfectamente a los hábitos domésticos de la mayoría.

Están fuera de su órbita el ingenio, la virtud y la dignidad, les supone demasiado esfuerzo. El horror a lo desconocido los ata a mil prejuicios, nada aguijonea su curiosidad, no tienen iniciativa y miran siempre al pasado, como si tuvieran ojos en la nuca. No son capaces de ver más allá, viven el día a día, en su rutina, en su mundo cerrado, sin interesarse por los asuntos públicos de la comunidad donde viven.

Así lo explica José Ingenieros en su obra  El hombre mediocre:

“Los que conforman esta masa borrega no viven su vida para sí mismos, sino para el fantasma que proyectan en la opinión de los demás. Cuando reinan, el ambiente en la sociedad se vuelve refractario a todo afán de perfección, los ideales se agostan y la dignidad se ausenta. Subvierten la tabla de los valores morales, falseando nombres, desvirtuando conceptos: pensar es un desvarío, la dignidad es irreverencia, es lirismo la justicia, la sinceridad es tontera, la admiración una imprudencia, la pasión ingenuidad, la virtud una estupidez. Los dogmatistas y los serviles aguzan sus silogismos para falsear los valores en la conciencia social; viven en la mentira, comen de ella, la siembran, la riegan, la podan, la cosechan. Así crean un mundo de valores ficticios que favorece la culminación de los obtusos; así tejen su sorda telaraña en torno de los genios, los santos y los héroes, obstruyendo en los pueblos la admiración de la gloria. Cierran el corral cada vez que cimbra en las cercanías el aletazo inequívoco de un águila.

Ningún idealismo es respetado. Si un filósofo estudia la verdad, tiene que luchar contra los dogmatistas momificados; si un santo persigue la virtud se astilla contra los prejuicios morales del hombre acomodado; si el artista sueña nuevas formas, ritmos o armonías, ciérranle el paso las reglamentaciones oficiales de la belleza; si el enamorado quiere amar escuchando su corazón, se estrella contra las hipocresías del convencionalismo; si un juvenil impulso de energía lleva a inventar, a crear, a regenerar, la vejez conservadora atájale el paso; si alguien, con gesto decisivo, enseña la dignidad, la turba de los serviles le ladra; al que toma el camino de las cumbres, los envidiosos le carcomen la reputación con saña malévola”.

En las épocas en que la sociedad de la ignorancia se acomoda y la masa borrega reina, mayor será la distancia entre las ideas de un sabio de las de la masa y más difícil será la asimilación del conocimiento por ésta.

Lo curioso es que la masa se creerá tan lista como cualquier intelectual, crítico o sabio. La sospecha de que alguien pretenda entender de algo un poco más pondrá al hombre mediocre fuera de sí.

Cuando la masa degenera hasta tal punto, son inútiles los razonamientos. Su enfermedad consiste precisamente en que no quiere dejarse influir, en que no está dispuesta a la humilde actitud de escuchar. Cuanto más se le quiera explicar, más herméticamente cerrará sus oídos y con mayor violencia pisoteará a los que tratan de enseñar.

Las épocas de decadencia, como la que nos encontramos, son las épocas en que la minoría directora del pueblo ha perdido sus cualidades de excelencia, aquéllas precisamente que ocasionaron su elevación. Contra esta aristocracia ineficaz y corrompida se rebela la masa justamente.
La sociedad degenera hasta tal punto que ni siquiera se tiene en consideración la lucha de nuestros antepasados, ni siquiera se asienta en las conciencias la necesidad de no sólo dejar un futuro mejor para los descendientes sino también unos descendientes mejores para el futuro.

Los vicios de la clase política no son otros que los vicios de la sociedad en la que nos movemos y mientras se muevan en la mediocridad y no recobren la dignidad y la virtud, el afán por el conocimiento y el saber y la conciencia de que el cambio empieza por uno mismo, la sociedad, empezando por las instituciones democráticas, sociales y empresariales, solo conocerán la corrupción, el vicio y la degeneración.

Como dijo Ortega, en un país donde la masa es incapaz de humildad, entusiasmo y adoración a lo superior, se dan todas las probabilidades para que los únicos influyentes sean los más vulgares; es decir, los más fácilmente asimilables; es decir, los más rematadamente imbéciles.

España ha hecho de la mediocridad la gran aspiración nacional, perseguida sin complejos por esos miles de jóvenes que buscan ocupar la próxima plaza en el concurso Gran Hermano, para el programa Mujeres y Hombres y Viceversa y de ahí dar el gran salto definitivo a Sálvame. España es el país en el que políticos y periodistas se insultan en programas de televisión de máxima audiencia sin aportar una idea. España es el país donde se aplaude y vitorea a delincuentes cuando salen de la cárcel. España es el país de jefes mediocres que se rodean de subordinados mediocres para disimular su propia mediocridad. España es el país en el que los estudiantes mediocres ridiculizan al compañero que se esfuerza. España es el país donde gobiernan los peores y encima se les sigue votando.

¿Veis todo esto reflejado en España? Por supuesto, porque mediocre es un país con una cuarta parte de su población en paro que sin embargo encuentra motivos para indignarse cuando se hace una pitada en un himno en un partido de fútbolMediocre es un país donde la brillantez del otro provoca recelo, la creatividad es marginada y la independencia y la libertad de expresión (según de quién)  es sancionada. Mediocre es un país que ha permitido, fomentado, celebrado el triunfo de los mediocres, arrinconando la excelencia hasta dejarle dos opciones: marcharse o dejarse engullir por la imparable marea gris de la mediocridad.









miércoles, 3 de junio de 2015

EDUCACIÓN PÚBLICA FRENTE A EDUCACIÓN PRIVADA-CONCERTADA

Opinión y humor:   http://elgatobueno.blogspot.com.es/

No descubro nada nuevo si digo que en este país existe la creencia generalizada de que la educación privada-concertada es mucho mejor que la pública. Un creciente número de personas opinan que educación privada equivale a educación para ricos, a una buena educación y llena de aspectos positivos.  Tal vez sea que la gente cree que por pagar va a recibir algo excelente, cuando el diseño económico de la educación privada-concertada incentiva la mediocridad educativa.  Entendamos cómo funciona.

En España uno de los criterios distintivos entre centros es la naturaleza de su gestión y de su financiación. Así pues según este criterio, existen tres tipos de colegios en los que se integra la oferta educativa:

- Colegios públicos: se trata de centros de estudio laicos directamente financiados y gestionados por el gobierno central y la ayuda de las administraciones locales de cada zona. La mayoría de estos centros imparten todos los niveles de educación básica y obligatoria (infantil, primaria, secundaria y bachillerato, aunque algunos centros delegan los ciclos superiores en institutos públicos). Tienen plazas limitadas y para acceder se debe cumplir una serie de requisitos establecidos por la Administración (p.ej.: proximidad geográfica de la vivienda). Son gratuitos.

- Colegios concertados: se trata de centros de estudio de titularidad privada (no creados por la administración) pero subvencionados en gran medida por la Administración Central, es decir, con financiación pública. Aun sujetos a ciertos condicionantes establecidos por las administraciones, como el límite de alumnos por clase, fechas, admisiones, etc., poseen alta libertad de gestión. Su financiación viene combinada entre las subvenciones y las aportaciones de las familias.

- Colegios privados: son una empresa privada de educación. Dentro de los límites establecidos por la legalidad poseen completa libertad de gestión. Los límites de plaza y acceso los establece la propia empresa privada que gestiona el centro. Suelen impartir todos los niveles educativos, aunque tienen libertad para limitarlo si así lo desean. Su financiación depende de manera exclusiva de las aportaciones de las familias de los alumnos.

Como se puede comprobar, prácticamente lo único que diferencia a los centros privados de los concertados es que estos últimos reciben financiación del Estado. De ahí que, a partir de este momento, tratemos este tema únicamente con la diferencia entre educación pública y educación privada-concertada.

La alta proporción de colegios concertados en España es una singularidad entre los sistemas educativos europeos. Los colegios concertados se asentaron en la década de los ochenta con el objetivo de cubrir, de manera subsidiaria y transitoria, un exceso de demanda educativa que sobrepasaba la capacidad de la red de centros públicos. No obstante, su permanencia y predominio actuales ya no responde a esta función inicial, sino a un giro en las políticas educativas de carácter neoliberal y conservador. No se puede olvidar que el 70% de los centros privados-concertados en España pertenece a la Iglesia Católica.

La justificación de este giro en el apoyo económico e ideológico no sólo a los centros educativos de carácter privado-concertado, sino a una creciente mercantilización de la educación, tiende a asentarse en el argumento del abaratamiento del coste. Pero esta idea no se sostiene si se lleva a cabo un análisis riguroso más allá de la rentabilidad puramente económica o el coste mínimo.

Desmontemos mitos:

1. La escuela pública, a diferencia de la privada-concertada, es un servicio público de todos y para todos.

Como hemos comentado, cada vez más ciudadanos piensan que la diferencia fundamental entre la red pública y la privada-concertada reside en que la primera es de titularidad de la administración educativa y la segunda de una empresa y/o orden religiosa. Esta realidad se debe, entre otras cosas, al mismo lenguaje que utiliza el Estado para hacer creer que, porque ambas redes son sostenidas con fondos públicos, ambas son públicas. Sin embargo, como hemos visto, la diferencia se sitúa mucho más allá de la simple titularidad. La escuela pública se caracteriza porque en ella caben todos, ya que no es propiedad de nadie sino que es de todos y para todos. Su acceso está abierto a toda la población sin exclusiones, como servicio público que es.

Cuando se habla de la educación como un servicio público, nos referimos a una escuela que ofrezca a todos, con independencia de la clase, el género, la nacionalidad, la etnia o la capacidad económica, los recursos suficientes para asegurar el máximo nivel educativo. Por tanto, cuando la enseñanza que imparte es para TODOS, sin exclusiones, la escuela es un servicio público.

Los centros privados-concertados NO SON UN SERVICIO PÚBLICO PARA TODOS, ya que (como la experiencia nos dice) excluyen a una parte del alumnado a través de numerosas trampas a fin de asegurar el éxito académicoCuando un centro educativo excluye, aunque sea a un solo alumno, no presta un servicio público y, en consecuencia, no puede llamarse público.

2. La escuela pública, a diferencia de la privada-concertada, es gratuita.

La escuela privada-concertada, a pesar de estar subvencionada con fondos públicos, utiliza trampas para cobrar por gran cantidad de conceptos. No es gratuita. Se paga por dos vías: la primera con la subvención que sale de nuestros impuestos y que se les transfiere a través de los conciertos educativos; la segunda, con el cobro de actividades de tiempo libre y ocio, culturales, cuotas de asociaciones, etc.

Los colegios concertados son, como hemos dicho, centros de titularidad  privada a los que la administración pública financia con cargo a los Presupuestos Generales. Esta financiación incluye el salario de profesores (que cobran lo mismo que los de la pública), del personal de administración, servicio y mantenimiento y la conservación del centro, cubre hasta el 88% de su presupuesto y tiene una serie de contrapartidas, al menos teóricamente. El sistema de conciertos les obliga a impartir la enseñanza gratuitamente y a aplicar un régimen de acceso y admisión de alumnos semejante al de los colegios públicos. En la práctica, sin embargo, no cumplen ninguna de estas obligaciones. Casi el 100% de estos centros cobran cantidades importantes a sus usuarios, que varían de unos colegios a otros. Puede tratarse de “donaciones” forzosas o bien de actividades extraescolares, aunque obligatorias y realizadas dentro del horario lectivo. Pero, sea como fuere, estudios realizados por varias asociaciones de consumidores, entre ellas la OCU, demuestran que llevar a un niño  a un colegio concertado puede llegar a costar a los padres un 300% más caro que si optan por una escuela pública. En un centro concertado de primaria el gasto que deben asumir los padres por cada hijo es, de media, el triple que en un colegio público. La diferencia aumenta aún más en secundaria. Estos cobros ilícitos hacen que un segmento de la población no pueda tener acceso a ella, lo cual no es inocente sino que tiene un efecto de selección del alumnado.

El incumplimiento de sus obligaciones respecto a la admisión de alumnos es otro filtro con la finalidad de configurar una clientela selecta, de la que excluyen sistemáticamente a inmigrantes, gitanos y niños de otras etnias desfavorecidas, así como a alumnos de bajo nivel socioeconómico, con necesidades educativas especiales o bajo rendimiento académico. Con el incumplimiento de la admisión del alumnado contribuyen al desequilibrio en la escolarización de niños con discapacidad, gitanos e inmigrantes entre centros públicos y privados. Así, nos encontramos con un 90% en centros públicos y un 10% en centros privados-concertados. Porcentajes similares se registran en lo que se refiere a la distribución de los alumnos que necesitan educación compensatoria (gitanos e inmigrantes).

3. La escuela pública, a diferencia de la privada, cuenta con profesionales que han pasado por una oposición.

La escuela pública cuenta con profesionales que han tenido que pasar por un examen muy duro llamado oposición para el que no todo el mundo está preparado. No sólo es una prueba para comprobar los conocimientos de las personas que se van a encargar de la educación de los alumnos, sino para descartar quién no está preparado para asumir una tarea tan dura.

La escuela privada no tiene profesores que hayan pasado una oposición. Puede que tengan los mismos conocimientos o incluso más que un profesor que haya pasado por tan duro trance, pero doy fe de que la inmensa mayoría no cumple con estos requisitos. Es más, muchos de ellos, principalmente en ESO y Bachillerato, están impartiendo materias para las que no están preparados ni han estudiado siquiera en su carrera. ¿Dejáis en sus manos a vuestros hijos sabiendo esto?

4. La escuela pública a diferencia de la privada es participativa, democrática y está gestionada por la comunidad educativa.
                                                                                                          
La escuela pública es democrática, ya que pertenece al pueblo. Sin embargo, la escuela privada-concertada está gestionada por el patrón o empresario y no es necesaria la participación democrática, ya que la empresa se encarga de ofrecer los servicios a los clientes, que son sus usuarios.

5. La escuela pública a diferencia de la privada es inclusiva, integradora y compensadora de desigualdades.

La escuela pública es inclusiva, puesto que asume el principio del respeto y reconocimiento a la diferencia del alumnado. Una escuela inclusiva recibe a todo el alumnado, preocupándose constantemente de superar cualquier barrera que dificulte los aprendizajes de cualquier alumno, independientemente de cuál sea su medio social, cultura de origen, sexo, etnia o cualquier discapacidad física, intelectual, sensorial o de la sobredotación intelectual.

Sin embargo, la escuela privada-concertada en su gran mayoría rechaza al alumnado inmigrante (a no ser que tenga dinero) y de necesidades educativas especiales, poniendo el lucro por encima de la solidaridad.

La escuela pública, a diferencia de la privada-concertada, hace efectivo el derecho de todos a la educación y favorece la integración al posibilitar que todos los niños  puedan convivir a diario en las aulas, dando un ejemplo no sólo de tolerancia, sino de respeto a la pluralidad, al que es diferente y a quienes tienen necesidades educativas especiales. Otro tema es que este punto no lo puedan ejercer como se debería debido a los numerosos recortes presupuestarios que se han realizado por parte de la administración a la escuela pública (para dárselo a la privada-concertada, naturalmente).

La escuela pública también es solidaria. Cada día son más numerosos los inmigrantes en nuestro país que acuden a la escuela pública porque la privada los rechaza. De la misma forma, los niños con discapacidades físicas, psíquicas o sensoriales tampoco van a encontrar fácil acomodo en los centros privados-concertados. Sin embargo, le escuela pública hace efectivo el derecho de todos a la educación y favorece que estos niños puedan convivir a diario en las aulas y dan un ejemplo no sólo de tolerancia, sino de respeto a la pluralidad, al diferente y a quienes tienen necesidades educativas especiales.

Además, la escuela pública es compensadora, porque parte de la convicción de que todo el alumnado, a pesar de las diferencias y desigualdades de origen, puede desarrollar el máximo de sus capacidades.

Como hemos visto, la escuela privada-concertada ni es integradora ni solidaria con la parte de los alumnos que rechaza y excluye, lo cual constituye un aspecto muy negativo al carecer su educación de la gran riqueza que aporta la multiculturalidad.

6. La escuela pública a diferencia de la privada es neutra y pluralista.

La escuela pública es neutra, ya que su espacio, por el hecho de ser público, pertenece a todos y por esto toda actividad que se haga en ella tendría que poder ser compartida por todos. Por eso, en la escuela pública sólo cabe la neutralidad filosófica y religiosa y en consecuencia ningún alumno puede ser segregado por las convicciones religiosas o filosóficas de sus familias.

En la escuela pública el hecho religioso y filosófico se plantea exclusivamente desde un punto de vista histórico y de influencia en nuestra cultura y no desde el adoctrinamiento (o, al menos, debería ser así, aunque este punto lo trataremos en un próximo artículo), sino más bien como afirmación del pluralismo, de la diversidad de creencias ajena a proselitismos del signo que sean, empeñada en desarrollar conocimientos y saberes críticos, y, por esa dirección, la autonomía de los sujetos para pensar y optar.

La escuela privada-concertada, sin embargo, obliga a aceptar idearios a todo el alumnado que se matricula en ellos.

La escuela pública se caracteriza por ser plural ideológica y culturalmente. Debe de admitir en su seno, por el hecho de ser pública, a todas las personas independientemente de las ideas, cultura, religión y diferencias culturales que conviven en la sociedad. El ejemplo lo tenemos en la proporción de alumnos inmigrantes, de necesidades educativas especiales que tiene escuela pública respecto a la privada-concertada, la cual, sin embargo, tiene a gala presumir de carácter propio e ideología para transmitir al alumnado.