Opinión y humor: http://elgatobueno.blogspot.com.es/
No descubro
nada nuevo si digo que en este país existe la creencia generalizada de que la educación privada-concertada es mucho
mejor que la pública. Un creciente número de personas opinan que educación privada equivale a educación
para ricos, a una buena educación y llena de aspectos positivos. Tal vez
sea que la gente cree que por pagar va a recibir algo excelente, cuando el
diseño económico de la educación privada-concertada incentiva la mediocridad
educativa. Entendamos cómo funciona.
En
España uno de los criterios distintivos entre centros es la naturaleza de su
gestión y de su financiación. Así pues según este criterio, existen tres tipos
de colegios en los que se integra la oferta educativa:
- Colegios públicos: se trata de centros de estudio laicos directamente
financiados y gestionados por el gobierno central y la ayuda de las
administraciones locales de cada zona. La mayoría de estos
centros imparten todos los niveles de educación básica y obligatoria (infantil,
primaria, secundaria y bachillerato, aunque algunos centros delegan los ciclos
superiores en institutos públicos). Tienen plazas limitadas y para acceder se
debe cumplir una serie de requisitos establecidos por la Administración (p.ej.:
proximidad geográfica de la vivienda). Son gratuitos.
- Colegios concertados: se trata de centros de estudio de titularidad
privada (no creados por la administración) pero subvencionados en gran medida
por la Administración Central, es decir, con financiación pública.
Aun sujetos a ciertos condicionantes establecidos por las administraciones,
como el límite de alumnos por clase, fechas, admisiones, etc., poseen alta libertad de gestión. Su
financiación viene combinada entre las subvenciones y las aportaciones de las
familias.
- Colegios privados: son una empresa privada de
educación. Dentro de los límites establecidos por la legalidad
poseen completa libertad de gestión. Los límites de plaza y acceso los
establece la propia empresa privada que gestiona el centro. Suelen impartir
todos los niveles educativos, aunque tienen libertad para limitarlo si así lo
desean. Su financiación depende de manera exclusiva de las aportaciones de las
familias de los alumnos.
Como se puede comprobar, prácticamente
lo único que diferencia a los centros
privados de los concertados es que estos últimos reciben financiación del
Estado. De ahí que, a partir de este momento, tratemos este tema únicamente con
la diferencia entre educación pública y educación privada-concertada.
La
alta proporción de colegios concertados
en España es una singularidad entre los
sistemas educativos europeos. Los colegios concertados se asentaron en la
década de los ochenta con el objetivo de cubrir, de manera subsidiaria y transitoria, un exceso de demanda educativa
que sobrepasaba la capacidad de la red de centros públicos. No obstante, su
permanencia y predominio actuales ya no responde a esta función inicial, sino a
un giro en las políticas educativas de
carácter neoliberal y conservador. No se puede olvidar que el 70% de los
centros privados-concertados en España pertenece a la Iglesia Católica.
La justificación de este
giro en el apoyo
económico e ideológico no sólo a los centros educativos de carácter
privado-concertado, sino a una creciente mercantilización
de la educación, tiende a asentarse
en el argumento del abaratamiento del coste. Pero esta idea no se sostiene
si se lleva a cabo un análisis riguroso más allá de la rentabilidad puramente
económica o el coste mínimo.
Desmontemos
mitos:
1. La escuela
pública, a diferencia de la privada-concertada, es un servicio público de todos y para todos.
Como
hemos comentado, cada vez más ciudadanos piensan que la diferencia fundamental
entre la red pública y la privada-concertada reside en que la primera es de
titularidad de la administración educativa y la segunda de una empresa y/o
orden religiosa. Esta realidad se debe, entre otras cosas, al mismo lenguaje
que utiliza el Estado para hacer creer que, porque ambas redes son sostenidas
con fondos públicos, ambas son públicas. Sin embargo, como hemos visto, la diferencia se sitúa mucho más allá de
la simple titularidad. La escuela
pública se caracteriza porque en ella caben todos, ya que no es propiedad
de nadie sino que es de todos y para
todos. Su acceso está abierto a toda la población sin exclusiones, como
servicio público que es.
Cuando
se habla de la educación como un servicio público, nos referimos a una escuela
que ofrezca a todos, con independencia de la clase, el género, la nacionalidad,
la etnia o la capacidad económica, los recursos suficientes para asegurar el
máximo nivel educativo. Por tanto, cuando la enseñanza que imparte es para
TODOS, sin exclusiones, la escuela es un servicio público.
Los
centros privados-concertados NO SON UN SERVICIO PÚBLICO PARA TODOS, ya que (como
la experiencia nos dice) excluyen a una
parte del alumnado a través de numerosas trampas a fin de asegurar el éxito académico. Cuando
un centro educativo excluye, aunque sea a un solo alumno, no presta un servicio
público y, en consecuencia, no puede llamarse público.
2. La escuela
pública, a diferencia de la privada-concertada, es gratuita.
La
escuela privada-concertada, a pesar de estar subvencionada con fondos públicos,
utiliza trampas para cobrar por gran cantidad de conceptos. No es gratuita. Se paga por dos vías:
la primera con la subvención que sale de nuestros impuestos y que se les
transfiere a través de los conciertos educativos; la segunda, con el cobro de
actividades de tiempo libre y ocio, culturales, cuotas de asociaciones, etc.
Los
colegios concertados son, como hemos dicho, centros de titularidad privada a los que la administración pública
financia con cargo a los Presupuestos Generales. Esta financiación incluye el salario de profesores (que cobran lo mismo
que los de la pública), del personal de administración, servicio y
mantenimiento y la conservación del centro, cubre hasta el 88% de su presupuesto y tiene una serie de contrapartidas,
al menos teóricamente. El sistema de conciertos les obliga a impartir la
enseñanza gratuitamente y a aplicar un régimen de acceso y admisión de alumnos
semejante al de los colegios públicos. En la práctica, sin embargo, no cumplen
ninguna de estas obligaciones. Casi el
100% de estos centros cobran cantidades importantes a sus usuarios, que
varían de unos colegios a otros. Puede tratarse de “donaciones” forzosas o bien
de actividades extraescolares, aunque obligatorias y realizadas dentro del
horario lectivo. Pero, sea como fuere, estudios realizados por varias
asociaciones de consumidores, entre ellas la OCU, demuestran que llevar a un niño a un colegio concertado puede llegar a costar
a los padres un 300% más caro que si optan por una escuela pública. En un
centro concertado de primaria el gasto que deben asumir los padres por cada
hijo es, de media, el triple que en un colegio público. La diferencia aumenta
aún más en secundaria. Estos cobros ilícitos
hacen que un segmento de la población no pueda tener acceso a ella, lo cual
no es inocente sino que tiene un efecto de selección del alumnado.
El
incumplimiento de sus obligaciones respecto a la admisión de alumnos es otro
filtro con la finalidad de configurar una clientela
selecta, de la que excluyen sistemáticamente a inmigrantes, gitanos y niños de
otras etnias desfavorecidas, así como a alumnos de bajo nivel socioeconómico,
con necesidades educativas especiales o bajo rendimiento académico. Con el
incumplimiento de la admisión del alumnado contribuyen al desequilibrio en la
escolarización de niños con discapacidad, gitanos e inmigrantes entre centros
públicos y privados. Así, nos encontramos con un 90% en centros públicos y un
10% en centros privados-concertados. Porcentajes similares se registran en lo
que se refiere a la distribución de los alumnos que necesitan educación
compensatoria (gitanos e inmigrantes).
3. La escuela
pública, a diferencia de la privada, cuenta con profesionales que han pasado
por una oposición.
La
escuela pública cuenta con profesionales que han tenido que pasar por un examen
muy duro llamado oposición para el
que no todo el mundo está preparado. No sólo es una prueba para comprobar los
conocimientos de las personas que se van a encargar de la educación de los
alumnos, sino para descartar quién no está preparado para asumir una tarea tan
dura.
La
escuela privada no tiene profesores que hayan pasado una oposición. Puede que
tengan los mismos conocimientos o incluso más que un profesor que haya pasado
por tan duro trance, pero doy fe de que la inmensa mayoría no cumple con estos
requisitos. Es más, muchos de ellos,
principalmente en ESO y Bachillerato, están impartiendo materias para las que no
están preparados ni han estudiado siquiera en su carrera. ¿Dejáis en sus
manos a vuestros hijos sabiendo esto?
4. La escuela pública
a diferencia de la privada es participativa, democrática y está gestionada por
la comunidad educativa.
La
escuela pública es democrática, ya que pertenece al pueblo. Sin embargo, la
escuela privada-concertada está gestionada
por el patrón o empresario y no es necesaria la participación democrática,
ya que la empresa se encarga de ofrecer los servicios a los clientes, que son
sus usuarios.
5. La escuela pública
a diferencia de la privada es inclusiva, integradora y compensadora de
desigualdades.
La escuela pública es inclusiva, puesto que asume el
principio del respeto y reconocimiento a la diferencia del alumnado. Una
escuela inclusiva recibe a todo el alumnado, preocupándose constantemente de
superar cualquier barrera que dificulte los aprendizajes de cualquier alumno,
independientemente de cuál sea su medio social, cultura de origen, sexo, etnia
o cualquier discapacidad física, intelectual, sensorial o de la sobredotación
intelectual.
Sin
embargo, la escuela privada-concertada
en su gran mayoría rechaza al alumnado inmigrante (a no ser que tenga dinero) y
de necesidades educativas especiales, poniendo el lucro por encima de la
solidaridad.
La
escuela pública, a diferencia de la privada-concertada, hace efectivo el
derecho de todos a la educación y favorece la integración al posibilitar que
todos los niños puedan convivir a diario
en las aulas, dando un ejemplo no sólo de tolerancia, sino de respeto a la
pluralidad, al que es diferente y a quienes tienen necesidades educativas
especiales. Otro tema es que este punto no lo puedan ejercer como se debería
debido a los numerosos recortes presupuestarios que se han realizado por parte
de la administración a la escuela pública (para dárselo a la
privada-concertada, naturalmente).
La
escuela pública también es solidaria. Cada
día son más numerosos los inmigrantes en nuestro país que acuden a la escuela
pública porque la privada los rechaza. De la misma forma, los niños con
discapacidades físicas, psíquicas o sensoriales tampoco van a encontrar fácil
acomodo en los centros privados-concertados. Sin embargo, le escuela pública
hace efectivo el derecho de todos a la educación y favorece que estos niños
puedan convivir a diario en las aulas y dan un ejemplo no sólo de tolerancia,
sino de respeto a la pluralidad, al diferente y a quienes tienen necesidades
educativas especiales.
Además,
la escuela pública es compensadora, porque parte de la convicción de que todo
el alumnado, a pesar de las diferencias y desigualdades de origen, puede desarrollar el máximo de sus capacidades.
Como
hemos visto, la escuela privada-concertada ni es integradora ni solidaria con
la parte de los alumnos que rechaza y excluye, lo cual constituye un aspecto
muy negativo al carecer su educación de la gran riqueza que aporta la
multiculturalidad.
6. La escuela pública
a diferencia de la privada es neutra y pluralista.
La
escuela pública es neutra, ya que su espacio, por el hecho de ser público, pertenece a todos y por esto toda actividad que se haga en ella tendría que
poder ser compartida por todos. Por eso, en la escuela pública sólo cabe la
neutralidad filosófica y religiosa y en consecuencia ningún alumno puede
ser segregado por las convicciones religiosas o filosóficas de sus familias.
En
la escuela pública el hecho religioso y filosófico se plantea exclusivamente
desde un punto de vista histórico y de influencia en nuestra cultura y no desde
el adoctrinamiento (o, al menos, debería ser así, aunque este punto lo trataremos
en un próximo artículo), sino más bien como afirmación del pluralismo, de la
diversidad de creencias ajena a proselitismos del signo que sean, empeñada en
desarrollar conocimientos y saberes críticos, y, por esa dirección, la autonomía
de los sujetos para pensar y optar.
La
escuela privada-concertada, sin embargo, obliga a aceptar idearios a todo el
alumnado que se matricula en ellos.
La
escuela pública se caracteriza por ser plural ideológica y culturalmente. Debe
de admitir en su seno, por el hecho de ser pública, a todas las personas
independientemente de las ideas, cultura, religión y diferencias culturales que
conviven en la sociedad. El ejemplo lo tenemos en la proporción de alumnos
inmigrantes, de necesidades educativas especiales que tiene escuela pública
respecto a la privada-concertada, la cual, sin embargo, tiene a gala presumir
de carácter propio e ideología para transmitir al alumnado.