Como
ya comenté en el artículo http://eldiariodeanais.blogspot.com.es/2015/06/educacion-publica-frente-educacion.html,
muchas personas creen que educación privada equivale a educación para ricos, a
una educación buena y llena de cosas positivas. Tal vez sea porque la
gente piensa que por pagar va a recibir algo excelente, cuando el diseño económico
de la educación privada incentiva la mediocridad educativa. Entendamos
cómo funciona.
Efectivamente,
hoy en día muchísimas personas piensan que la educación privada es mejor que la
pública por el simple hecho de que se paga más. Por parte de los sucesivos
gobiernos de este país, gracias a las numerosas reformas educativas, se ha ido
procurando que la educación pública tenga menos medios y más alumnos, menos
profesores y los que hay más cargados de tareas que nada tienen que ver con la
enseñanza y la educación. ¿Qué buscan conseguir con esto? Hacer desaparecer la
escuela pública o que ésta sea de tan mala calidad que la gente no tenga más
remedio que llevar a sus hijos a un colegio de pago.
Así
pues, lo que el gobierno quiere conseguir es que, si eres un pobre sin dinero,
estés condenado a la ignorancia, a no poder aprender lo que se necesita saber
para obtener un buen empleo y poder tener una vida digna. Si eres de la casi
inexistente clase media, te costará, pero podrás pagar una educación para ir
avanzando muy lentamente. Y, evidentemente, si eres rico, podrás ser el
propietario de los negocios educativos que te procurarán bastantes ganancias.
Como es
sabido, si un alumno no aprueba, se desanima y tiene menos motivos para
matricular. Pero como los ingresos del negocio educativo dependen de que el
alumno quiera matricularse, los colegios privados-concertados tienen que poner
la cosa fácil para que el alumno se siga matriculando. De modo que los
profesores ya no pueden poner una calificación de cero, aunque el alumno sea
mediocre y deficiente, sino que tienen que hacer los exámenes fáciles y si
todos en el aula son unos vagos, entonces el profesor tiene que levantar la mano para lograr que un
porcentaje apruebe el curso. Los cursos en que pocos aprueban están mal
vistos, y la dirección vería ese curso como una amenaza a los ingresos del
negocio.
Entonces,
¿de dónde sale lo de que exigen más en una educación privada? En una
buena educación se debe exigir al alumno, en lugar de que el alumno
exija. No hace tantos años, los padres que visitaban al profesor y recibían
quejas de que su hijo perdía el tiempo en clase o no estudiaba, terminaban regañando
o castigando al hijo, porque con la vagancia no se logra pasar una educación
exigente. Pero eso era antes. En la actualidad los padres van a reclamar
al profesor si su hijo no aprueba, si el profesor aconseja que repita porque no
alcanza los conocimientos mínimos, si regaña a su hijo por no hacer los deberes
o copiar en un examen o no le deja usar el móvil en clase. Ahora prácticamente
se prohíbe a los profesores aconsejar que un alumno repita, porque su hijo
estudia mucho y eso sería una barbaridad que les desmotivaría. Es mejor
complacer a sus padres, y a sus hijos, para que obtengan el título por el cual
pagaron.
Pero
eso no es todo. Los empresarios educativos, ávidos de reducir costes, saben
que contratar alumnos recién graduados para dar clases es mucho más barato que
contratar profesores con amplia experiencia en el campo. Niños educando
niños. Novatos preparando a novatos para que sus alumnos sean tan expertos
como ellos. Y cuando hay profesores con alguna experiencia, prefieren no
enseñar mucho de lo que saben, porque esos estudiantes podrían ser en un futuro
competencia profesional para el profesor en su área. Lo mejor es
mantenerles tan ignorantes como sea posible, para que cuando requieran de
alguien le llamen a él y él pueda hablar de lo malos que son todos los demás
profesionales en su campo donde él resalta.
El
resultado es colegios con mala calidad de enseñanza por todas las razones
descritas.
Todo
esto viene ocurriendo en España desde hace ya unos cuantos años. Cada vez
proliferan más las escuelas y universidades privadas. Las sucesivas reformas
educativas han conseguido que la educación sea mediocre. Pero todo esto se
tapa, porque lo que en realidad se quiere mostrar es que la escuela pública es mala,
mientras que la privada-concertada es la excelente.
Ser educador
es un trabajo muy duro: pasarse el tiempo en la escuela tratando de mantener
quieta a una audiencia inquieta, enseñar conocimientos, y además gastar la
misma cantidad de tiempo en casa haciendo trabajo en horas no
pagadas. Para más INRI, al
educador se le mira como aquél al que el examen de admisión no le da para
estudiar otra cosa, cuando hace 100 años era tan prominente ser maestro como lo
sería ser astronauta. Pero ahora a los profesores les cargan tanto de
trabajo burocrático absurdo que no tienen tiempo para atender como deberían su
verdadera labor educativa. Y en los colegios y escuelas privadas, los
profesores no saben si tendrán empleo el siguiente año.
En
unos años nos echaremos las manos en la cabeza con noticias de incidentes de
mala praxis médica porque los médicos estaban mal preparados.
Esa
es la educación privada: el negocio educativo es un negocio de vender títulos
profesionales, donde conviene tener profesores baratos, aunque sean unos
inexpertos e ignorantes y tener estudiantes que no abandonan, pero que tampoco
pueden avanzar muy rápido para que así sean una buena fuente de dinero. Lo
importante no es ofrecer a las empresas los trabajadores que necesitan, ni es
necesario hacerles aptos para un empleo. Con esto lo que se consigue es hacer
un país de ignorantes, de borregos, que no saben ni quieren aprender. Así el
poder puede conducir a la masa mejor. Pero la mayor parte de la gente está encantada
con su título comprado para conseguir
un empleo mediocre en una sociedad mediocre.
Como se
puede ver, la educación privada trae como consecuencia una serie de efectos que
difunden y premian la mediocridad en la sociedad, y debería ser una labor del
gobierno defender a su país contra estos enemigos que carcomen el entramado de
la sociedad. Pero la realidad es que es el propio poder el que lo
fomenta.



No hay comentarios:
Publicar un comentario